La coalición contra Siria se está desmoronando

 
Alemania desde el principio se mostraba en contra, pero ahora resulta que cerca de la mitad de los miembros de la OTAN tampoco lo aprueba, Canadá expresa su desacuerdo y Argentina, su descontento…
Por Dmitri Kósirev, RIA Novosti

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Rebanadas de Realidad – RIA-Novosti, 03/09/13.- Parece increíble, pero ha ocurrido: Londres se ha negado a participar en una operación militar diseñada por Washington.

Los debates en el Parlamento británico han puesto al primer ministro del país, David Cameron en jaque, obligándole a declarar que el Reino Unido no participará en ninguna operación militar en Siria.

No se sabe todavía si podríamos estar hablando de un cambio de la línea política iniciada por Winston Churchill y reforzada por Margaret Thatcher. Consistía en que los británicos se identificaban más con Estados Unidos que con Europa, de modo que eran los más leales aliados de Washington. En cualquier caso, la sorpresa allí ha sido grande y posiblemente Barack Obama se esté planteando la posibilidad de no seguir adelante con los planes anunciados.

La situación ha cambiado y mucho desde el pasado jueves, cuando el presidente Barack Obama, líder del país, que estaba en intensos preparativos para una operación militar en Siria, fiel a su estilo, dudaba y buscaba reducir el papel de EEUU a algo meramente simbólico. Algo parecido a lo de Libia o menos significante todavía: no estaría mal que los europeos aprendieran a asumir la responsabilidad. Los británicos y el primer ministro Cameron, por su parte, abogaban con fervor por el inicio de la intervención.

A mediados de la semana pasada el gabinete de ministros del Reino Unido hizo numerosas declaraciones. Dejaron claro que estaban en su derecho de actuar incluso sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU, presentando la operación como “una intervención humanitaria”. En este caso su objetivo sería supuestamente la defensa de los habitantes de otro país del exterminio o de desastres de cualquier tipo.

Curiosamente el mismo nombre se le puso a la guerra de 1999 en la antigua Yugoslavia. Pero el fenómeno no arraigó en el derecho internacional precisamente por ello. Recuerdo que en el año 2000 en los foros a los que asistí los británicos, alemanes y franceses con una mueca me proponían dejar aquel episodio en el pasado, dado que había quedado patente que el principio en teoría no estaba mal pero su puesta en práctica conllevaba graves problemas.

Merece la pena señalar al respecto que la guerra en Osetia del Sur también reúne todos los requisitos de una intervención humanitaria. Georgia estaba destruyendo una ciudad causando víctimas entre la población civil. Y además, había atacado a los ciudadanos rusos residentes en la capital de la república y a los efectivos del contingente de paz ruso.

La Cámara de los Comunes del Reino Unido no suele rebelarse. La votación ha de ser unánime y de ello se encarga gente especial que es imagen viva de la disciplina política. Sin embargo, el mecanismo parece haber fallado esta vez.

Los laboristas, que són la oposición, votaron en contra de una operación militar en Siria. Y también se rebelaron 30 conservadores. Como resultado de los debates, que duraron 72 horas, a David Cameron le faltaron 13 votos y no tuvo otra opción que manifestar “que lo había entendido todo y obraría de la manera correspondiente”.

En realidad en los asuntos de guerra el primer ministro británico a veces (y durante un período de tiempo limitado) puede pasar por alto la opinión del Parlamento. Posiblemente era con lo que contaba Cameron. Los resultados de los sondeos de la opinión pública en el Reino Unido se conocen de sobra: al igual que en Europa y en Estados Unidos, la mayoría de los votantes estaba en contra de la intervención militar en el conflicto sirio. Sin embargo, este desenlace le permite quedar bien con su aliado Barack Obama y al mismo tiempo tener contentos a los electores.

Los comentaristas británicos, por supuesto, indican que los debates han acabado en un fracaso y una humillación pública del primer ministro y de su partido. Pero, veamos, qué momentos desagradables se ha ahorrado el presidente de Gobierno británico. Los informes de los servicios secretos británicos y estadounidenses evidencian que no se dispone de datos exactos sobre si las armas químicas fueron usadas el pasado 21 de agosto en las afueras de Damasco por las tropas gubernamentales. Tampoco se ofrecen explicaciones conexas de por qué habrían organizado esta provocación sin sentido.

En cambio, las fuerzas de la oposición siria sí que pudieron haberlo planeado e incluso les interesaba hacerlo. De modo que en estas circunstancias Cameron correría más peligro iniciando la guerra que exponiéndose al fracaso en el Parlamento.

El primer ministro británico ha encontrado una salida a la situación, mientras que Barack Obama todavía está ante una difícil elección. Las primeras reacciones de la Casa Blanca mostraban la disposición de seguir a solas. Corren rumores de que el presidente Obama está pensando en “hacer algo”: por ejemplo, atacar Siria con misiles alados desde agua.

Hay quienes aseguran que esta operación punitiva supondría dificultades de carácter técnico, un problema que tampoco habría solucionado la participación de los británicos en la operación. Lo que ocurre es que los militares no lo ven nada claro y señalan que los “políticos son demasiado ingenuos”, por creer que basta con dar una indicación para que se cumpla de inmediato.

Los guiones desfavorables abundan: uno de ellos es que algunos de los bandos enfrentados en Siria de verdad llegue a usar armas químicas. Y eso cuando EEUU todavía no ha retirado su contingente de Afganistán. Muchos de los efectivos ahí estacionados sienten pavor ante la idea de una operación contra Damasco.

En estas circunstancias los antiguos aliados empiezan a negarse a participar en la operación conjunta. Alemania desde el principio se mostraba en contra, pero ahora resulta que cerca de la mitad de los miembros de la OTAN tampoco lo aprueba, Canadá expresa su desacuerdo y Argentina, su descontento…

Londres pudo haber puesto las cosas difíciles a Washington, pero seguramente le ha concedido tiempo para volver a sopesar los pros y los contras. Todavía está por celebrarse la Cumbre del G-20 en San Petersburgo (5 y 6 de septiembre), a la que han de acudir tanto Barack Obama como David Cameron… Algún acuerdo nacerá de las reuniones del foro.

De modo que deberíamos agradecerle al Parlamento británico que nos haya obligado a todos a tomarnos nuestro tiempo y volver a considerar qué estamos haciendo y cuáles serían las consecuencias de nuestros actos.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

El presente material se edita en Rebanadas de Realidad por gentileza de Alexander Solovskiy, Director para América del Sur de la agencia rusa RIA-Novosti, Web / Correo

Rebanadas de Realidad – Buenos Aires, Argentina

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