Entre mimosas y jazmines: unas voces desde el Foro Social Mundial de Túnez

 

Por Gisella Evangelisti*

17 de abril, 2013.- Lo han logrado, las asociaciones de la sociedad civil de Túnez: organizar con escasísimos fondos el doceavo Foro Social Mundial donde se esperaban, entre el 26 y el 30 de marzo, 70 mil personas provenientes de todo el mundo, y 2700 organizaciones, llegadas para compartir experiencias y alternativas para “otro mundo posible”.

La universidad El Manar, un conjunto de edificios blancos, con ventanas y puertas azules, ubicados en una colina llena de árboles de mimosas, es famosa por haber sido un hervidero de lucha contra Ben Alí, el ambicioso Ministro de la Seguridad, que hizo un golpe contra el presidente Burguiba en 1987, y llegó con el tiempo a controlar gran parte de las riquezas del país, gracias al hecho de poder chantajear a los empresarios, conociendo sus secretos.

La educación tunecina, que absorbe el 6% del gasto público, tiene índices internacionales de competencia aceptables. La que vemos circular en el campus, es una juventud apasionada, que va y viene, discute en grupos, distribuye folletos de sus asociaciones, toca tambores.

Sin embargo la “revolución de los jazmines” del noviembre del 2010, costada decenas de muertos, que logró derrocar Ben Alí en enero del 2011, e inspiró otras revoluciones en Libia y Egipto, además del movimiento los Indignados en España y los “Occupy Wall Street in EEUU”, no ha dado a los jóvenes tunecinos lo que esperaban: trabajo y democracia.

El gobierno islamista del partido Ennhada, filial de los Hermanos Musulmanes, actualmente en el poder en Tunisia, según su adversario, el izquierdista Frente Popular, está más atento al pago de la deuda contraída por la dictadura, y a engraciarse las multinacionales, (que dominan la vida económica mientras los ricos tunecinos tienen sus capitales en el exterior), que a los problemas sociales. Un cuarto de la población vive en condiciones de pobreza. Tradicionalista en la moral, neoliberal en la economía, así viene definido el gobierno islamista.

“Mucha gente ha votado los islamistas, porque habían sido reprimidos y exiliados en la dictadura, y ahora tenían el derecho a participar en la vida política. Pensaban que eran inocuos, pero fue un error de percepción, como en Egipto. El gobierno ya ha quemado el crédito que tenía en la población”, explica Bessma Khalfaoui, una abogada que habla con una dignidad triste. Por unos instantes su voz se rompe y trata de frenar las lágrimas.

El público que atesta el aula la arropa con un cálido aplauso. Bessma es la viuda de Chokri Belaid, el líder del el líder del Movimiento Patriótico Democrático Unificado, asesinado a quemarropa el 6 de febrero, después de haber criticado el gobierno por no frenar la violencia contra los artistas de parte de las llamadas “Ligas de Defensa de la Revolución”, grupos armados parapoliciales, compuestos por islamistas radicales. El día 5 de febrero Belaid afirmó en televisión que el gobierno estaba dando luz verde a una serie de asesinatos políticos, y propuso un congreso nacional contra la violencia. Al día siguiente, cuatro balas en la cabeza terminaron con su vida. Millares de personas salieron a la calle, en una manifestación que quería ser pacífica, pero terminó con la muerte de un policía. Bessma no olvidó, tiempo después, ir a visitar la viuda del policía.

“Dignidad, dignité, dignidade, dignity”, es el lema del Foro que sintetiza los deseos de los pueblos del mundo, y se organiza alrededor de temas como la necesidad de un nuevo modelo de economía, aún más urgente por el cambio climático, el respeto de los derechos de la Mujer, la solución al drama de la Palestina, y a los sangrientos conflictos en el Medio Oriente.

Vemos una dignidad dolorosa en las figuras de las madres de emigrantes africanos a Europa, que en la marcha inicial del Foro llevan la foto de los hijos ahogados en las aguas del Mediterráneo. Una larga hoja con la lista de millares de nombres de emigrantes desaparecidos, está simbólicamente puesta sobre una barca, en una plaza del Foro, para recordar sus vicisitudes.

Jamila, Zeineb, Alí, son unos de los estudiantes voluntarios que, a falta de suficientes aparatos para la traducción desde el árabe, nos ayudan a sumergirnos en la atmosfera bulliciosa del Foro, entre una fiesta de boda de un pueblo del desierto, los berebere, y unas danzas congolesas. Jamila lleva jeans y camiseta, Zeineb un pañuelo que le cubre la cabeza (el hijab), Ahí un gorro deportivo de lana, y come dátiles y almendras como desayuno, con té a la menta. Hablan fluidamente al menos 3 o 4 idiomas, y tienen una enorme curiosidad en abrirse al mundo.

Les encanta conocer, por ejemplo, un indio norte americano de largas trenzas, que habla de la insensatez de la economía mundial, que hace ganar a quien mueve cifras en una pantalla, comerciando o especulando sobre los alimentos, mil veces más que un campesino que los produce. Lo escuchan hablar de la sacralidad de la Tierra, de cómo también los indios pueden participar en contaminarla, con la actividad petrolera, como en Alaska. Se trata de Tom Goldtooth, dell’Indigenous Environmental Network.

Jamila, Zeineb y Alì se sorprenden en conocer como en el sur de Italia, donde varios jueces han muerto por manos de la mafia, ahora hay iniciativas de la sociedad civil como la “Caravana contra la mafia”, que va de una ciudad a otra para sensibilizar la población sobre el problema y animarla a defenderse. Aprenden que la campana “Italia sono anch’io” (“Yo también soy Italia”) organizada por varias asociaciones para dar voto y voz a los inmigrantes en la península, ahora se está ampliando a nivel europeo, dirigiéndose a 32 millones de inmigrantes en el continente.

Los jóvenes tunecinos descubren que la lucha contra las grandes represas y las empresas mineras que desplazan poblaciones nativas, provocando a la vez fuertes daños ambientales, es un problema global, desde el Perú a la India, pasando por Iraq. En este país, actualmente desgarrado por la violencia política, los ríos Tigris y Éufrates vieron el surgir una de las primeras civilizaciones conocidas en la tierra, la de Mesopotamia (que significa justamente, “Tierra entre los ríos”). Ahora el Éufrates se está secando, y el Tigris llega a Iraq con menos agua (y contaminada) porque en Siria y Turquía se han construido varias represas. El problema del agua hace la situación aun más explosiva en la región. Nicanor Alvarado, el activista peruano miembro del PIC (Plataforma Interinstitucional de Celendín), que en el Foro ha hablado con pasión de la lucha popular contra la mina de oro de Conga y de los problemas de la Amazonia, viene invitado a compartir experiencias con los colegas de Iraq.

Las asociaciones africanas presentes en el Foro, por su lado, luchan contra el land grabbing, el acaparamiento de tierras, (expulsando pequeños campesinos), por parte de grandes empresas, bancos, seguros, o gobiernos extranjeros, que quieren garantizarse alimentos en futuro o simplemente invertir y especular sobre sus precios. Solo en Mozambique hay dos mega contratos por millones de hectáreas, uno de Brasil y Japón, otro de Brasil y Unión Europea, alegando que las tierras del Nacala Corredor no están ocupadas.

Curioso como en todo el mundo indígenas y campesinos se vuelvan invisibles a los ojos de las grandes empresas. Un poco más famosos parecen ser los Masai, un orgulloso pueblo de pastores semi nómadas entre Tanzania y Kenia, con sus largos vestidos rojos tan fotografiados por los turistas. Ahora son objeto de una campaña internacional de AVAAZ para impedir su desalojo, a favor de lodges para adinerados turistas que quieren probar la emoción de cazar leones para jactarse con los amigos.

Gran fermento en el Espacio Clima, donde han participado más de 40 asociaciones ambientalistas internacionales. Ya es de conocimiento general que el modelo de producción industrial de estas últimas décadas ha modificado tanto los ciclos de la naturaleza, y ha emitido tantos gases con efecto invernadero, que el planeta ya no tiene la capacidad de recuperarse. La acidificación de los océanos ya no logra garantizar la absorción de C02, los glaciares y el Ártico se reducen, mientras la deforestación avanza en los grandes bosques tropicales, desde la Amazonía, el África central, la Malasia e Indonesia, para dar lugar a plantaciones de palma, soja etc., con gran uso de agro tóxicos. Solo China tiene un amplio programa de reforestación.

El cambio climático, con el aumento de huracanes, aluviones y sequias, está provocando 400 mil víctimas al ano en el mundo, las ultimas en la Argentina. Entre los factores contaminantes, hay el aumento del consumo de carne. Los millones de reses que hay en el mundo producen más gas metano y CO2 que toda la población humana!

Como subraya en el Foro, entre otros, Pablo Solón, director de Focus on the Global South, las medidas que han tomado las instituciones internacionales son insuficientes o hasta dañinas, como el mercado de carbono, el REDD, la “economía verde”, los agro combustibles, los transgénicos. Pero, por otro lado, cómo lograr el objetivo de dejar las 2/3 partes de combustibles bajo tierra, como apostar a empleos dignos y a la vez detener el camino suicida hacia el crecimiento “ilimitado?”

La respuesta exige un cambio profundo de mentalidad, redefiniendo lo que realmente sirve de la producción industrial, desde el criterio de “la ganancia por la ganancia”, hacia el “bienestar común” de los seres humanos, incluyendo el concepto de felicidad, como se hace en Buthan, en el Índice de Producción Bruta; o entre los daños, los “costes ambientales” de una producción. La naturaleza no puede ser considerada una simple mercancía, sino hay que recuperar el concepto de “reciprocidad con el ser humano”, como hacen, por ejemplo, los pueblos andinos. Apostar a la democratización de la energía, creando puestos de trabajo en pequeñas empresas, que sustituyan las grandes obras (se está haciendo, por ejemplo, en Catalunya y en Alemania); a la soberanía alimentaria, a un transporte público eficiente. Comer poco o nada carne. Importante: vincular las luchas sociales, (como las de sindicatos, campesinos, indígenas etc.) con las ambientales. Todas las acciones locales, aunque parezcan modestas, son bienvenidas, y deben tener resonancia en redes y eventos, para multiplicarse.

Palestina es la gran protagonista del Foro, con una gran bandera que cubre, simbólicamente, el edificio de la Facultad de Derecho. Desde que comenzaron a llegar a su territorio después de la segunda guerra mundial y el holocausto judío, los israelíes no han parado de ocupar tierras palestinas, ignorando las condenas de las Naciones Unidas, y obligando a los palestinos a vivir en una prisión a cielo abierto. Ahora hay 6 millones de palestinos refugiados en otros países. Entre varios abusos, los israelíes cortaron o erradicaron desde el 2000 2 millones y medio de árboles, la mayoría en Gaza y Cisjordania, para molestar y alejar los agricultores palestinos.

A veces replantan los viejos olivos robados, en sus colonias (ilegales), para demostrar a los periodistas que viven allì desde tiempo. Lo refiere un joven palestino cuya familia fue obligada a refugiarse en Jordania después de la guerra del ‘67 ganada por Israel; en 2003 con unos 60 amigos ha fundado una asociación para replantar arboles, vendiendo su carro y pidiendo un préstamo a su padre, ingeniero en Qatar. “Como organizaciones ambientalistas hemos logrado replantar un millón y 400 mil árboles hasta ahora”, afirma,” y la campana sigue”.

A la Palestina viene dedicada la marcha del último día, el 30 de marzo, Día de la Tierra, cuando una multitudinaria manifestación ha desfilado hacia la embajada palestina en Túnez, para expresar solidaridad con su pueblo. Queda ahora el compromiso, salido del Foro, de concretar acciones como llevar los crímenes de Israel frente a la Corte Internacional de Justicia, hecho posible por el reconocimiento de Palestina como “observadora” en la ONU. Una bandera palestina flota desde la ventana de una casa al lado de la embajada. La mueve una adolescente judía.

Juntos con los anhelos de los pueblos, en el Foro ha llegado también el eco de los conflictos que dividen el mundo árabe, como el de Siria o del Sahara occidental. Grupos islamistas radicales, salafistas, que pretenden islamizar la sociedad tunecina, han recorrido con sus banderas las calles del campus desafiando los estudiantes democráticos, mayoritarios en la universidad, y provocando fuertes discusiones. Uno de los temas en debate es no solo el vestido, sino el mismo rol que deben jugar las mujeres en la sociedad (ver Parte segunda del artículo)

La asamblea sobre Maghreb se ha disuelto sin llegar a acuerdos, por la intransigencia de los representantes del reino marroquí, firmemente contrarios a la independencia del pueblo Sarawi, cuyo territorio del Sahara Occidental, rico en fosfatos y petróleo, fue ocupado por Marruecos en 1979, a pesar de que el Tribunal Internacional de la Haya no le reconociera derechos. Sin embargo Marruecos construyó un muro largo 2000 km, de Norte a Sur, cuidado por 150mil soldados y rodeado por un campo de minas, gastando un millón y medio de euro al día, para marcar el territorio ocupado . Los Sarawi han constituido la República Árabe Sarawi Democrática, reconocida por 82 estados, y siguen en su lucha para la autodeterminación.

Contra viento y mareas, algunas organizaciones para la paz y los derechos humanos, como Peace in Syria y Ossin, (Observatorio Internacional) presentes en el Foro, proponen hacer callar las armas y construir una diplomacia de pueblos. Y se acuerdan proyectos comunes, entre una y otra orilla del Mediterráneo, en temas como ambiente, migraciones, media, economía.

En la noche, la avenida Bourghiba, donde el Ministerio de Interior està rodeado se hilos metálicos con espinas, se anima del sonido de tambores y de actividades culturales. En los bares hay muchos hombres, y unas pocas mujeres. Por qué? Nuestros amigos Zeineb, Alí y Jámila nos dan respuestas diferentes. Unos días después del Foro, uno de sus organizadores viene encarcelado y al poco tiempo liberado. Sigue el pulso entre el gobierno islamista y una sociedad que no quiere regresar atrás.

Pues, como escribe el estudiante Raba Ben Achour en una revista universitaria, el asesinato de Chokri Belaid ha reforzado la lucha por la libertad.

Gracias Tunisia, por tu coraje y tu ejemplo. Shukran, y hasta luego.

*Gisella Evangelisti es escritora y antropóloga italiana. Nació en Cerdeña, Italia, estudió letras en Pisa, antropología en Lima y mediación de conflictos en Barcelona. Trabajó veinte años en la Cooperación Internacional en el Perú, como representante de oenegés italianas y consultora del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, en inglés) en países latinoamericanos. Es autora de la novela “Mariposas Rojas”.

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